Canfranc. El ferrocarril de los Pirineos reconstruye desde una perspectiva histórica, divulgativa y visual la gran aventura ferroviaria aragonesa, desde las primeras reivindicaciones de 1853 hasta la recuperación de la estación y el actual proyecto de reapertura internacional
Canfranc, 19 de julio de 2025/ Canfranc. El ferrocarril de los Pirineos es el título del nuevo libro de Juan Gavasa y Víctor López, una obra que recorre casi dos siglos de historia de uno de los grandes símbolos contemporáneos de Aragón. Concebido con una clara vocación divulgativa y acompañado por una extraordinaria documentación gráfica, el volumen reconstruye la larga aventura del ferrocarril internacional desde sus primeros antecedentes, a mediados del siglo XIX, hasta el momento actual, marcado por la recuperación de la histórica estación y las expectativas abiertas en torno a la reapertura de la conexión ferroviaria con Francia.
El punto de partida del relato se sitúa en 1853, con la publicación del manifiesto Los aragoneses a la Nación Española, y continúa a través de 75 años de proyectos, reivindicaciones, negociaciones diplomáticas y dificultades políticas y técnicas hasta llegar al 18 de julio de 1928, fecha de la inauguración de la línea y de la Estación Internacional de Canfranc.
A partir de ahí, Gavasa y López reconstruyen una historia mucho más compleja que la imagen de esplendor que tradicionalmente se ha asociado al gran edificio ferroviario. El Canfranc nació rodeado de enormes expectativas, pero condicionado desde sus primeros años por intereses empresariales, dificultades en las relaciones entre España y Francia y una sucesión de acontecimientos históricos que limitaron su desarrollo.
El crack de 1929, el incendio que destruyó buena parte de la estación en 1931, la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial, la autarquía franquista y las dificultades estructurales de explotación de la línea forman parte de una trayectoria que desembocó en marzo de 1970 en el accidente de L’Estanguet y la interrupción del tráfico ferroviario internacional a través del túnel del Somport.
«Canfranc nunca tuvo buenos tiempos», resume Juan Gavasa al analizar una historia en la que, frente a la imagen romántica que posteriormente se ha construido alrededor de la estación, predominan las dificultades y las oportunidades perdidas. Ya en 1953, coincidiendo con el centenario de las primeras reivindicaciones ferroviarias, el periodista Fernando Castán condensó su trayectoria en una frase: «El Canfranc, 75 años de esperanza y 25 de decepción».
Una historia completa del Canfranc
La publicación nace de la voluntad de sus autores de ofrecer una visión global y accesible de una historia sobre la que existe una extensa bibliografía, pero que con frecuencia ha sido abordada desde perspectivas especializadas —ferroviaria, arquitectónica, militar, económica o histórica—.
«Con Víctor entendimos que era necesario un libro que narrara de manera didáctica y divulgativa toda la historia del Canfranc, desde la publicación del manifiesto Los aragoneses a la Nación Española de 1853 hasta nuestros días», explica Gavasa.
Esa voluntad determina tanto la estructura como el lenguaje de Canfranc. El ferrocarril de los Pirineos. El objetivo es que pueda ser leído por quienes conocen en profundidad la historia ferroviaria, pero también por los miles de visitantes que cada año llegan a Canfranc atraídos por una estación cuya dimensión ha superado hace tiempo el ámbito estrictamente ferroviario.
El libro cuenta para ello con una de sus principales señas de identidad: más de 500 fotografías e imágenes, que permiten recorrer visualmente la transformación del ferrocarril, la estación, el paisaje y la sociedad que creció alrededor de ellos.

De infraestructura ferroviaria a símbolo de Aragón
El relato permite también entender cómo Canfranc terminó convirtiéndose en algo más que una línea ferroviaria. La prolongada reivindicación de una comunicación directa con Francia atravesó distintas generaciones y acabó incorporándose al imaginario colectivo aragonés.
Para los autores, uno de los elementos que más impresiona al reconstruir esta historia es precisamente «la tenacidad de los aragoneses» durante generaciones para defender una infraestructura que consideraban esencial para superar el aislamiento geográfico y económico de Aragón.
El 18 de julio de 1928 representa el momento culminante de aquella aspiración. La presencia del rey Alfonso XIII y del presidente de la República francesa, Gaston Doumergue, convirtió la inauguración en una jornada cargada de simbolismo y de enormes expectativas sobre el futuro económico de Aragón y las relaciones entre España y Francia.
La realidad posterior sería muy diferente, pero aquella capacidad de generar esperanza explica en buena medida la supervivencia del mito incluso después de la desaparición del tráfico internacional.
Canfranc después de 1970
Uno de los aspectos que aborda el libro es precisamente lo ocurrido después del accidente de L’Estanguet. Víctor López dedica el último capítulo a reconstruir la vida cotidiana de Canfranc tras el cierre internacional y cuestiona la idea, ampliamente extendida, de que la actividad económica y social desapareció repentinamente en 1970.
Los trenes continuaron llegando desde Zaragoza y Huesca, mientras las obras de la central hidroeléctrica de Ip, el transporte de mercancías por carretera, la actividad de las aduanas hasta la entrada en vigor del espacio Schengen, los trabajos de reforestación o, posteriormente, la construcción del túnel carretero mantuvieron una intensa actividad en el valle.
Es también durante esas décadas cuando la reivindicación de la reapertura adquiere una nueva dimensión política y social. Las movilizaciones desarrolladas durante el tardofranquismo y la Transición contribuyeron a incorporar definitivamente el Canfranc al imaginario aragonés y a vincular su recuperación con otras grandes reivindicaciones territoriales.

Un nuevo momento para Canfranc
La publicación de Canfranc. El ferrocarril de los Pirineos coincide además con una etapa radicalmente diferente para la histórica estación. La recuperación integral del edificio, transformado en hotel, ha devuelto al conjunto buena parte de su esplendor original y ha reforzado su condición de destino turístico.
Para Gavasa, esta transformación ha supuesto «un revulsivo económico para el valle y emocional para los aragoneses». Durante décadas, la fascinación por Canfranc estuvo estrechamente ligada a la imagen de una gran estación abandonada. Hoy el escenario es diferente: el edificio ha recuperado su monumentalidad, Canfranc se ha consolidado como uno de los principales destinos turísticos de Aragón y la modernización de la línea ferroviaria entre Huesca y Canfranc ha vuelto a situar en primer plano el debate sobre la comunicación internacional.
La historia que comenzó en 1853 permanece así abierta más de 170 años después. Canfranc. El ferrocarril de los Pirineos reconstruye ese largo recorrido desde las primeras reivindicaciones hasta el presente y explica cómo una infraestructura concebida para comunicar Aragón con Europa acabó convirtiéndose, pese a todas sus dificultades, en uno de los símbolos más reconocibles de la identidad aragonesa.