El periodista mantuvo en Canfranc un encuentro público con el cantautor catalán con motivo del 25º aniversario del Festival Pirineos Classic, en el que Serrat recordó sus años de juventud en Jaca, su amistad con José Antonio Labordeta y Juan Puigdefábregas y algunos de los momentos fundamentales de sus seis décadas de trayectoria

Joan Manuel Serrat regresó el pasado 29 de junio a Canfranc para protagonizar una de las citas más especiales de la 25ª edición del Festival Pirineos Classic. El cantautor mantuvo una conversación pública con el periodista Juan Gavasa en el hotel de la Estación Internacional ante un centenar de personas, en un encuentro que permitió recorrer seis décadas de música y compromiso, pero también recuperar una parte menos conocida de su biografía estrechamente vinculada con Jaca y el Pirineo aragonés.

La presencia de Serrat tenía un significado especial para el festival. El artista había apadrinado Pirineos Classic en su primera edición, hace 25 años, y regresaba ahora para participar en la celebración de su aniversario. Durante su estancia en Canfranc intervino también como narrador en el concierto inaugural del certamen, celebrado unos días después en la iglesia de Canfranc Estación.

La conversación con Gavasa se alejó del formato convencional de entrevista para convertirse en un recorrido distendido por los recuerdos, las canciones, los amigos, la literatura, el paso del tiempo y la particular relación que Serrat mantiene con Aragón. El músico, retirado de los escenarios desde finales de 2022, repasó algunos episodios de una trayectoria profesional que supera los sesenta años, pero dedicó una parte importante del encuentro a una etapa de juventud que tuvo como escenario el Pirineo.

Los recuerdos de Jaca

Serrat vivió durante varios meses en Jaca a mediados de los años sesenta, cuando todavía era un joven estudiante y comenzaba a escribir sus primeras canciones. Llegó como becario al entonces Centro Pirenaico de Biología Experimental, antecedente del actual Instituto Pirenaico de Ecología, al tiempo que realizó el servicio militar en la ciudad.

“Hice mis primeras canciones en aquella época”, recordó durante su conversación con Gavasa.

Aquellos meses dejaron numerosos recuerdos en un Serrat que todavía estaba lejos de convertirse en una de las figuras fundamentales de la música popular española. Evocó el frío invierno jacetano, sus experiencias durante el servicio militar en la Ciudadela, el escaso sueldo que recibía como becario e incluso un pequeño concierto que llegó a ofrecer durante aquella estancia.

También recordó que fue en Jaca donde aprendió a conducir y confesó su vinculación con uno de los establecimientos históricos de la ciudad, Casa Fau, del que se declaró entonces y ahora un asiduo.

La experiencia pirenaica terminó filtrándose también en su creación musical. Algunos de aquellos paisajes y vivencias permanecieron en la memoria del compositor y están relacionados con una de sus canciones más conocidas de aquellos primeros años, Cançó de matinada.

Labordeta, Puigdefábregas y Aragón

La conversación permitió igualmente recorrer los vínculos personales que Serrat ha mantenido con Aragón a lo largo de su vida.

Entre ellos apareció inevitablemente José Antonio Labordeta, con quien compartió una larga amistad y una forma de entender la cultura vinculada a la libertad y al compromiso personal. Serrat recordó al cantautor, escritor y político aragonés con especial afecto y reconoció la profunda huella que dejó su desaparición.

También surgió el nombre del científico Juan Puigdefábregas, una de las figuras esenciales en la historia del Instituto Pirenaico de Ecología y amigo de Serrat desde aquellos años de juventud. El músico recordó los libros que Puigdefábregas le traía de sus viajes y una relación nacida precisamente durante aquella etapa en Jaca.

A estos recuerdos se sumaron los veranos de su infancia en Belchite, localidad de origen de su madre, Ángeles Teresa, y la relación familiar y emocional que ha mantenido siempre con Aragón.

Sesenta años de oficio

Gavasa condujo después la conversación hacia la creación artística y una trayectoria que ha convertido a Serrat en una referencia de varias generaciones.

A sus 82 años y después de seis décadas de carrera, el músico habló del oficio de escribir canciones, de la relación con sus propias composiciones y de una forma de trabajar que ha evolucionado inevitablemente con el paso del tiempo. Serrat explicó que ya no escribe con la intención de construir nuevas canciones y reflexionó sobre lo que significa mirar hacia atrás después de una vida dedicada a la música.

También recordó su relación con la poesía y especialmente su decisión de poner música a los versos de Antonio Machado, uno de los trabajos que marcaron definitivamente su trayectoria. Serrat explicó que su propósito inicial era sencillo: hacer buenas canciones a partir de buenos poemas. El enorme éxito de aquel proyecto terminó contribuyendo también a acercar la obra de Machado a generaciones enteras de nuevos lectores.

La conversación llevó igualmente hasta Mario Benedetti, otro de los grandes poetas a los que Serrat llevó al terreno de la canción y a quien recordó desde la proximidad personal, definiéndolo como un hombre capaz de combinar ternura y un carácter particularmente fuerte.

El encuentro abordó asimismo cuestiones que trascienden la música. Serrat reflexionó sobre el paso del tiempo, el edadismo y el lugar que la sociedad contemporánea reserva a las personas mayores, además de detenerse en los profundos cambios sociales y políticos experimentados durante las últimas décadas.

Su mirada sobre el presente estuvo atravesada por una cierta distancia respecto a las expectativas de su generación. El mundo, reconoció, no ha evolucionado exactamente en la dirección que muchos imaginaron durante aquellos años en los que canciones, cultura y transformación social parecían caminar estrechamente unidas.

El regreso a Canfranc

La presencia de Serrat en Canfranc tenía además un importante componente simbólico. Cuando conoció la Estación Internacional décadas atrás, el edificio atravesaba una situación muy diferente a la actual. Durante la conversación recordó aquel Canfranc marcado todavía por el abandono y por el peso de una historia europea especialmente intensa.

Para Serrat, el antiguo edificio ferroviario conservaba la memoria de las personas que habían pasado por allí y de quienes protagonizaron algunos de los episodios más difíciles de la Europa del siglo XX. Regresar ahora y encontrarse con la estación recuperada añadía una nueva dimensión a aquellos recuerdos.

Su vuelta se produjo, además, en el contexto de un aniversario muy especial. Pirineos Classic cumplía 25 años y recuperaba para la celebración al mismo artista que había respaldado el festival en sus comienzos.

El coloquio conducido por Juan Gavasa sirvió así como prólogo a la participación de Serrat en el concierto inaugural de esta edición especial. Retirado de las grandes giras y de los escenarios, aceptó regresar puntualmente para ejercer como narrador de tres piezas junto a los músicos participantes en el festival.

Durante cerca de una hora, Canfranc pudo descubrir a un Serrat alejado del gran escenario y de la dimensión pública que ha acompañado buena parte de su vida. El artista habló de canciones y poesía, pero sobre todo de personas, lugares y recuerdos.

Y entre todos ellos volvió a aparecer el Pirineo. El territorio en el que, cuando todavía era un joven estudiante que compaginaba una beca científica con el servicio militar, Joan Manuel Serrat comenzó a escribir algunas de sus primeras canciones sin imaginar que estaba iniciando una de las trayectorias fundamentales de la música española del último medio siglo.